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Bitcoin y blockchain

He iniciado a interesarme por el mundo de las criptomonedas en 2012, cuando el bitcoin cotizaba alrededor de los 5 dólares. Lo tome como un juego, miné cerca de 10 y me olvidé de ellos. Después de menos de un año, el precio subió hasta 50 dólares. Impresionante. Decuplicado.

Y empezó el canto de sirenas: “es una burbuja”, “otro sistema ponzi”, “una estafa”, “son productos sin ningún valor intrínseco”, “burbuja puntocom”. Al poco tiempo, vendí mis bitcoins y había ganado 500 dólares. Más tarde, cuando llegó la explosión de 2013 y el precio de cada bitcoin alcanzó los 100 dólares, empece a intuir que había cometido un error. A entender el valor real del instrumento. A invertir en ellos. Durante esta aventura he oído varias veces a los escépticos, una y otra vez, pero ya no me han convencido. He visto el bitcoin subir y estrellarse con una volatilidad impresionante, lo he visto bajar hasta 200 dólares tras el escándalo MtGox, pero yo he continuado siempre a creer en el proyecto. Los agoreros continúan con su misma cancion, monótonos, incluso hoy, con el bitcoin a 20.000 dólares.

Personalmente, creo que las críticas que se puede hacer al bitcoin son dos:

1. A lo largo del tiempo podría ser sustituido por un producto mejor.

2. Podría ser boicoteado de manera eficaz por los gobiernos oficiales.

Eran las mismas críticas que me llevaron a venderlo cuando cuotaba al “increíble”, “exagerado”, y “desproporcionado” precio de 50 dólares.

Respecto la primera cuestión, la tecnología del bitcoin no es actualmente la mejor, tiene varios defectos, de hecho, ya existen productos cualitativamente mejores. No obstante lo anterior, continúa a ostentar el primer puesto en el escalafón de las criptomonedas. Y es así porque ha sido la primera, se ha consolidado como una referencia, y es la utilizada como termino comparativo respecto de cualquier otra concurrente. En el mundo de las criptomonedas, cada una de ellas es comparada con el bitcoin, sea en términos de posibilidad de compraventa, que en términos de evaluación de su valor. Se ha convertido en un estándar, y como tal, cada vez resulta más difícil de sustituir. Cada vez es más fuerte. Dado que estar en el punto de mira, no hace sino que fortalecerla. Porque ha sido, es, y será constantemente mejorada, gracias a la cooperación y coordinación de un grupo grande de adeptos de esta criptomoneda.

Pero, lo más importante es que, si al final el bitcoin viniera a ser sustituido por un producto mejor, ésto no debería constituir un gran problema, dado que una minuciosa y continua diversificación de la inversión en criptomonedas podrá fácilmente reducir el riesgo sobre cualquier moneda de manera satisfactoria, permitiendo que la inversión en la “nueva era de las finanzas” continúe siendo sólida.

Respecto la segunda critica, es necesario saber en qué consiste el bitcoin. Está basado sobre una tecnología llamada “blockchain”, que no es más que un archivo, estructurado en bloques secuenciales, presentes de manera idéntica en el ordenador de cada usuario. Este archivo contiene no solo cada “buzón” personal de moneda (que en la práctica es un simple registro de memoria), sino que registra también cada transacción que se haya producido y que, gracias a la criptografía, no puede ser manipulado ni forzado: con certeza matemática.

El algoritmo que tradicionalmente gestiona la blockchain, como en el caso del bitcoin, es open source, quiere decir que está a disposición de todo aquel que lo quiera conocer y verificar. Lo que constituye una ulterior garantía de calidad.

En la práctica, quien posee criptomoneda posee la llave de un buzón, situado dentro de este inmenso archivo de este archivo llamado blockchain. Esta llave, llamada llave privada, es un código larguísimo compuesto por números y letras que permite, solo a quien lo conoce, acceder al interior del buzón, saber cuantos bitcoins contiene y, por tanto, gastar las criptomonedas dentro del buzón. Y precisamente ese código representa nuestro monedero. Por otro lado, existe un segundo código inequívocamente asociado, llamado llave publica, que será el que nos permitirá introducir las monedas en nuestro buzón. Del mismo modo que si fuese un IBAN bancario.

Toda esta estructura le hace muy difícil a un eventual gobierno que pretenda obstaculizar esta tecnología el poder hacerlo eficazmente. Su fuerte descentralización hace casi imposible poder bloquearlo, sobre todo si lo pretende una entidad individual. Los gobiernos de los países más fuertes y potentes han fracasado en su intento de controlar la droga, los paraísos fiscales, la evasión, la tutela de los copyright, entre otros, por tanto, veo extremadamente difícil que logren bloquear un fenómeno similar.

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